Como el traje de flamenca que me regaló mi tito Rafael ya me queda pequeño, mi yaya me ha regalado otro.
Lo estrené en la Cruz de Mayo del Barrio Obrero y me subí al escenario con los demás niños a taconear con mis nuevos tacones naranjas.
Mamá me echó gomina de papá en el pelo y me hizo un moño, pero se me quitó de lo que bailé, salté y corrí. También se me quitó la pintura de los labios, porque comiendo se quita. Pero lo que sí aguantó fue el lunar que mami me pintó, porque no me toqué la cara y cuando llegué a casa todavía lo tenía. Lo tuve hasta que me acosté porque mamá me lo quitó con mi manopla. Pero volverá cuando me vista otra vez de flamenca.
¡Hasta pronto, lunar!
Lo estrené en la Cruz de Mayo del Barrio Obrero y me subí al escenario con los demás niños a taconear con mis nuevos tacones naranjas.
Mamá me echó gomina de papá en el pelo y me hizo un moño, pero se me quitó de lo que bailé, salté y corrí. También se me quitó la pintura de los labios, porque comiendo se quita. Pero lo que sí aguantó fue el lunar que mami me pintó, porque no me toqué la cara y cuando llegué a casa todavía lo tenía. Lo tuve hasta que me acosté porque mamá me lo quitó con mi manopla. Pero volverá cuando me vista otra vez de flamenca.
¡Hasta pronto, lunar!





