En el puente de la Hispanidad mis papás me llevaron a Fuengirola.
Llegamos de noche y yo ya estaba dormida, pero al día siguiente, ya despierta, fuimos al zoo, donde ví muchos animales, y me hice fotos con el tigre y los cocodrilos. Por la tarde dimos un paseo y nos enteramos de que había feria. ¡Qué suerte! Por supuesto que fuimos a la feria y me monté en muchos cacharritos, pero lo que no me gustó fue un hombre pintado que se movía cuando le echaban dinero, porque tenía garras, alas y un pico en la cara. A mis papás les gustaba, pero a mí me asustaba.
Al día siguiente fuimos al castillo, pero antes de llegar mamá dijo "¡qué suerte, hay rastro!". Así que después de ver almenas, torres y cañones, ¿adivináis a dónde fuimos?
Por la tarde estuvimos en la piscina del hotel, porque como se veía desde la terraza de nuestra habitación yo tenía muchas ganas de ir.
A la mañana siguiente recogimos todo y volvimos a casa. Mamá decía que se había acabado el puente, pero yo no ví el puente por ningún lado.
Bueno, como me porté muy bien en Fuengirola mis papás dicen que otro día iremos a otro sitio a ver más cosas. A lo mejor veo por fin el puente.






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